Amalia Solórzano da cuenta con voz propia sobre aquel suceso en su libro autobiográfico: El 7 de junio de 1937 llegaron los niños españoles a México.
Liliana David
El 20 de marzo del 2025, por primera vez, durante la conferencia matutina de la presidenta de México, se hablaría del papel que Amalia Solórzano Bravo tuvo en las transformaciones sociales, especialmente durante el periodo de 1934 a 1940. El nombre de una mujer michoacana, oriunda de Tacámbaro, protagonizaría esa mañana el relato de las «Mujeres en la historia», con el que se da cuenta del rol de quienes habían estado ensombrecidas, pero cuyo protagonismo en los grandes acontecimientos históricos fue ejemplar y sigue siendo representativo para la independencia política de las mujeres, una tarea que continúa viva.
A pesar de que en 1994 salió a la luz su libro titulado Era otra cosa la vida, un testimonio en primera persona que escribió Amalia Solórzano y en el cual narra algunas de las experiencias de su vida, es verdad que su presencia y decisiones en algunos de los hechos más importantes que protagonizó junto al expresidente Lázaro Cárdenas han sido poco conocidos. A excepción de lo que podemos saber por el sucinto libro autobiográfico, fueron pocas las entrevistas que concedió en vida y que nos permiten conocer más de su participación en momentos decisivos del México posrevolucionario. De hecho, al intentar rastrear algunas otras fuentes para adentrarnos a su historia, encontré una de las entrevistas que dio al periódico El País, publicada en 2005, tres años antes de su muerte. Ahí, el periodista Francisco Peregil escribió sobre ella: «Ahora tiene 94 años, un hijo de 72 (Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, tres veces candidato a la presidencia de México), tres nietos (uno de ellos, Lázaro, gobernador del Estado de Michoacán) y dos bisnietos. En su país la conocen como doña Amalia. Y en España no la conoce casi nadie. Ni siquiera su marido ha gozado de mucho reconocimiento. Hasta tal punto es así que, en 1993, cuando Herminio Trigo, el que fuera alcalde de Córdoba por Izquierda Unida entre 1986 y 1995, quiso rendirle un homenaje al general Cárdenas y levantar un busto suyo en una nueva calle céntrica y peatonal, se produjo un incidente muy ilustrativo. Cuando se destapó la estatua, Cuauhtémoc Cárdenas reparó en que el flamante busto no correspondía a Lázaro Cárdenas, sino a Benito Juárez (1806-1872), antiguo presidente mexicano muerto 23 años antes de que Lázaro Cárdenas naciera, allá por 1895. A los pocos meses se reparó el equívoco».
La entrevista larga y detallada, que fue titulada «Madre de acogida», daba cuenta, además, de que Amalia Solórzano se había convertido en primera dama de México con apenas 23 años de edad, y enfatizaba su participación, así como organización, para el recibimiento que dio a miles de refugiados republicanos. Para el periodista español, doña Amalia finalmente, a sus 94 años de edad, recibía en Madrid el reconocimiento que hasta entonces no se le había dado, y se le extendía la gratitud de los españoles, especialmente de la clase política, así como de algunos de los llamados «niños de Morelia», que para entonces ya eran personas mayores.
26 años de edad tenía Amalia cuando recibió a los niños españoles en Morelia
No obstante, en el 2007, un año antes de su muerte, recibiría también la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, una condecoración creada en 1771, pero que otorga el Gobierno de España como el más alto reconocimiento civil que se concede a nacionales o extranjeros en casos excepcionales. Amalia Solórzano ha sido la única mexicana en recibirla y se le brindó por su trascendente papel en el recibimiento de miles de españoles exiliados durante la Guerra Civil.
Al respecto, doña Amalia Solórzano da cuenta con voz propia sobre aquel suceso en su libro autobiográfico: «El 7 de junio de 1937 llegaron los niños españoles a México. Sus edades eran diferentes, muy pequeños algunos. Los padres se desprendieron de ellos para alejarlos del peligro de esa cruenta guerra. Se formaron grupos para saber cómo se debía dar ayuda al gobierno para recibirlos desde su llegada a Veracruz. […] Yo estuve en México con el comité de recepción, en la estación del ferrocarril. Los niños y el personal que los acompañaba estuvieron, me parece, sólo unas horas en la ciudad y tuvimos la oportunidad de verlos y saludarlos a todos y al día siguiente se trasladaron a Michoacán. Fuimos a visitarlos a la escuela que le llamaban de artes y oficios en Morelia. Desde que el General había sido gobernador del Estado, le tenía mucho cariño a esa escuela y pensó que estarían mejor en provincia que quedándose en la capital. […] Cada año, el 7 de junio, se festejan con paellas cocinadas por algunos de ellos haciendo competencias, aunque a todos le salen muy bien y abundantes. Algunos de estos “niños de Morelia” se han casado entre sí y han hecho buenos matrimonios. Acostumbraron a sus hijos a llamar tíos a los mayores y si algún tío encuentra o ve a alguno de esos chicos en lugares o conductas no convenientes, los reprenden como si fueran sus propios hijos. Han formado la Mutualidad España-México».
Justamente, por haber formado parte del comité que recibió a los hijos de los republicanos españoles en México, cuando doña Amalia falleció en 2008, a la edad de 97 años, algunos titulares de los diarios de España aludieron a su intervención en dicho acontecimiento. Así la recordaban: «Amalia Solórzano de Cárdenas, mamá grande del exilio español en México» (La Vanguardia); «La mujer más querida por el exilio español» (El Mundo). Mientras, en México, el periodista José Gil Olmos publicaba un amplio artículo bajo el título «Discreta, pero grande».
Esa discreción, moderación y, hasta cierto punto, un aire de humildad se puede leer en las primeras páginas de su autobiografía, cuando confiesa: «Siempre me preguntan: ¿nunca has pensado en escribir algo de las experiencias y hechos que has vivido? Con toda franqueza contesto que creo que a pocos les puede interesar mi vida. Algunos piensan que sólo por el hecho de haber sido la esposa de un mexicano excepcional como el general Lázaro Cárdenas y también su compañera, tendría algo interesante que contar. Habrá algunos que tendrán sólo curiosidad. Otros tal vez sí se interesen realmente por conocer la historia de personas como yo, originarias, por generaciones, de un lugar pequeño. Y lo que diga puede servir quizá para algún estudioso. Así es que me decidí y saqué todos los apuntes que fui tomando a lo largo de mis experiencias».
1911 año en el que nació doña Amalia Solórzano Bravo, en Tacámbaro
Queda hecha, pues, la invitación para conocer y adentrarse en la historia de una mujer como fue doña Amalia, así como en la realidad histórica que le tocó vivir y que también contribuyó a forjar con su paso por este mundo. Se trató de una época en la cual las palabras «generosidad» y «solidaridad» tenían un sentido para el rumbo y futuro de nuestra historia, algo que ella misma encarnó. Hoy sería primordial recuperarlas. Por desconocimiento o desmemoria, no miramos ejemplos como el suyo, cuyo altruismo permitió brindar a esos infantes un segundo hogar donde reconstruir sus vidas. Frente a los acontecimientos de nuestro tiempo, hacen falta más mujeres como Amalia Solórzano Bravo, que ayuden a salvaguardar la inocencia de las niñas y los niños que están atrapados en Irán, Palestina, Sudán, y en tantos otros lugares que el mundo decide ignorar.
Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.