“Dico” y el “Pelusa”, dos niños que abrazaron el balón y reinventaron el juego
El mediodía del 21 de junio de 1970, Carlos Alberto, lateral derecho y capitán de la selección brasileña de futbol, camiseta 4, levantó por todo lo alto la Copa Jules Rimet en el pletórico Estadio Azteca.
Carlos Alberto marcó el cuarto gol al minuto 87 del encuentro y selló así el marcador de 4 a 1 a favor de Brasil sobre Italia: era la final de la Copa del Mundo México 70. Junto a él, en la escuadra que se coronaba ese día como tricampeona del mundo, destacaba Edson Arantes do Nascimento, el Rey del futbol, Pelé, artífice supremo de la hazaña, alma y cerebro de una de las selecciones más brillantes de la historia.
En la tarde del 29 de junio de 1986, en la a partir de entonces “mítica” cancha del Estadio Azteca, ante más de 110 mil espectadores, Diego Armando Maradona, camiseta 10 y capitán del combinado argentino, recibió el trofeo que selló el segundo título mundial para su país al vencer a Alemania por 3 goles a 2.
En 1970, Pelé tenía 29 años, el “rey del futbol” que cargaba con el descalabro de Brasil en el Mundial Inglaterra 66.
En 1986, Maradona tenía 26 años, un astro polémico que había dejado atrás su paso por Barcelona y triunfaba en Nápoles, un héroe que resucitó al equipo italiano con su magia sobre el pasto verde.
Pelé y Maradona, la dupla de futbolistas que se elevaron al Olimpo deportivo y se sentaron uno al lado del otro con sus inimaginables hazañas, proezas arrebatadoras con el balón y la capacidad de convertir en poesía el futbol.
Además de los fanáticos en el mundo, el cine también se rindió a sus pies y celebró sus goles. Dos documentales recientes registran la vida de estos dioses del balompié.
En 2021, David Tryhorn y Ben Nicholas dirigieron Pelé, un recorrido por la vida del astro brasileño, el mejor futbolista de la historia. Aparece Pelé en escena, apoyado en una andadera para alcanzar la silla en el centro del escenario vacío; para tamborilear con los dedos sobre el cajón de bolear. Un recuerdo de su infancia cuando le apodaban “Dico”, el hijo de “Dondinho”, que trabajó lustrando el calzado en las calles de su pueblo, Tres corazones, en Minas Gerais.
Con testimonios de Zagallo, Rivelino, Amarildo y Paula César; de políticos como Fernando Henrique Cardoso; de músicos como Gilberto Gil, el documental sigue los pasos de Pelé por sus inicios, sus logros, su presencia en los mundiales, los momentos difíciles y las críticas a su silencio frente a la dictadura de Emilio Garrastazu de Médici, la opresión en Brasil ante el gobierno militar.
Pelé está contada por el propio “Rey” y por quienes estuvieron cerca de él, familia y amigos, cronistas y periodistas, fanáticos que tuvieron el privilegio de mirar los fuegos artificiales, los destellos y maravillas del pequeño Dico que al ver a su padre llorando por el “maracanazo” en 1950, le prometió que le daría un campeonato del mundo. Tamborileando en el cajón de bolero, Edson sentado en una silla en un escenario vacío, recuerda los tres títulos que le dio a su padre, a Brasil y a la felicidad del futbol.
El cineasta inglés Asif Kapadia, ganador del Óscar por el documental Amy (2015), un recuento de vida de la cantante Amy Winehause, tomó el material que por años había grabado Jorge Cyterszpiler, para su producción Diego Maradona (2019).
Es un gran álbum de imágenes de Maradona desde la intimidad, su estallido en las canchas del barrio de Villa Fiorito, el “Pelusa” y su vertiginoso ascenso en Argentina, en Barcelona y su llegada al Club Nápoles en Italia. En el lado oscuro está la relación de Maradona con personajes de la mafia italiana, la Camorra, su historial en la vida nocturna napolitana y su adicción a la cocaína a la par de su consagración como astro deportivo.
Diego Maradona no nos acerca a la vida política argentina, la feroz dictadura, aunque toca de refilón el histórico encuentro contra Inglaterra en México 86, una victoria futbolística que, con “la mano de Dios” agrega notas a la deuda entre ambas naciones después de la Guerra de las Malvinas.
Pelé y Diego Maradona son documentales que trascienden lo deportivo, la vida de éxitos de dos puntas del Olimpo sobre la grama.
En cierta ocasión Pelé declaró: “El único gol de cabeza importante que marcó Maradona fue con la mano”. Ese gol, inolvidable, fue en México 86, en el Estadio Azteca, donde Pelé, con un sombrero de charro en la cabeza, celebró su tercera Copa del Mundo.
“Dico” y el “Pelusa”, dos niños que abrazaron el balón y reinventaron el juego.
Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. Autor del libro: “Michoacán en el cine. Episodios en la pantalla”. @vazquezgjaime