Tierra Caliente: El gobierno de la sombra.
La Tierra Caliente michoacana arde. No es solo el clima, es el fuego cruzado de una guerra que parece no tener fin. En municipios como Apatzingán y Buenavista, la ley del Estado tiende a ser un mito, una sombra que se desvanece al anochecer.
El control criminal es asfixiante. Los cárteles no solo trafican drogas, ahora administran la vida. Fijan el precio de cultivos, deciden quién transita y cobran impuestos por cada respiro. Es la economía de la extorsión impune.
Aguililla y Tepalcatepec son los epicentros. Ahí, las fuerzas federales entran con blindados, pero solo están de paso. Cuando el convoy se retira, el poder real regresa a las manos de quienes operan drones y siembran minas.
La famosa «Pax Narca» es un espejismo. Solo existe en La Huacana o Churumuco, donde un solo mando manda. Es una paz comprada con silencio y sumisión social. En el resto de la región, la pólvora es el único lenguaje diario.
El Plan Michoacán por la Paz suena bien. En los discursos oficiales, la región se recupera y el orden vuelve. Pero en las brechas hacia Coalcomán, la realidad desmiente al boletín. El narco no se ha ido; se ha institucionalizado.
¿Hacia dónde va esa parte de Michoacán? Sin una estrategia que arranque de raíz el control financiero del crimen, la soberanía seguirá siendo un concepto de escritorio. Mientras tanto, la gente de Tierra Caliente sigue bajo el yugo.
