Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Giovanna Cornejo no se presenta como artista profesional ni presume una trayectoria académica. A sus 43 años, su relación con el dibujo y la pintura es más íntima que institucional: crear es una necesidad, un refugio personal y una forma de procesar lo que vive. “Esto es mi hobby, prácticamente”, dice, aunque su obra —ilustraciones, pinturas, arte objeto, diablitos, mujeres y figuras simbólicas— revela una práctica constante y reflexiva.
Originaria de Morelia, creció en una familia numerosa. “Somos puras mujeres”, cuenta. Esa condición marcó su vida desde temprano. Al ser muchas en casa, las mayores tuvieron que trabajar desde jóvenes. A los 16 años comenzó a formarse en la Casa de la Cultura, donde tomó cursos trimestrales con distintos maestros. “Estuve con Juan Guerrero, con Pasaye, con Rafa Flores”, recuerda. Sin embargo, su camino no fue el de una licenciatura en artes. “Mi formación fue autodidacta”, afirma.
El interés por el dibujo apareció desde la infancia. Una de sus tías realizaba caricaturas para un suplemento infantil del periódico local. “Toda la semana estaba haciendo sus dibujos para la publicación y yo empezaba a calcar sus trazos”, dice. Aquella cercanía con la caricatura dejó una huella que hoy se refleja en un estilo ilustrativo, narrativo y cargado de símbolos.
Aunque su producción artística es constante, Giovanna no vive exclusivamente del arte. Trabaja en bienes raíces y actualmente estudia Derecho, con la intención de especializarse en propiedad. El dibujo no surgió como una estrategia económica, sino como una necesidad emocional. “Me relaja mucho. A veces pasan semanas sin que dibuje y ando agobiada, como que me falta algo. Ya cuando me meto a mi taller digo: ya me relajé”, explica.
Su obra se nutre de lo cotidiano. Muchas de sus piezas nacen de emociones, recuerdos, escenas que observa en la calle o situaciones personales. “Siempre ilustro lo que me pasa”, afirma. En sus ilustraciones aparecen mujeres, niñas, figuras femeninas que dialogan con su propia historia. Ella misma reconoce que su entorno influyó en esa mirada. “Siempre me desenvolví en un clima femenino. Mi familia, mis hermanas… a lo mejor viene de ahí”.
Durante mucho tiempo, Giovanna no pensó en vender su trabajo. El paso hacia la exhibición ocurrió cuando el espacio comenzó a agotarse. “Me llené de cosas”, dice. Empezó a mostrar su obra en el Jardín de las Rosas y las piezas comenzaron a venderse. “Nunca pensé cómo sacar un beneficio. Era más que nada un hobby”, señala. Hasta hoy, el trabajo por encargo no le resulta atractivo. “Lo que ves es lo que tengo. No me gusta trabajar por pedido”.
Entre los temas que trabaja están los diablitos, las sirenas y la muerte. Sus diablitos son reinterpretaciones personales del imaginario popular, influenciadas por figuras tradicionales —como los diablos de Ocumicho o personajes de danzas— pero llevadas a un terreno más caricaturesco y menos grotesco. “Es mi versión”, explica. También realiza arte objeto, piezas que no solo se cuelgan o se enmarcan, sino que dialogan con el espacio.
En los bazares, la calle se vuelve parte del proceso creativo. “Siempre tengo que cuidar que el viento no se lleve los diablitos, que no les salgan alas”. El montaje, la intemperie y lo imprevisible forman parte de exhibir fuera de los espacios formales.
La muerte es otro eje importante de su obra. Durante años fue un miedo latente que decidió enfrentar a través del dibujo. “Me gusta mucho el tema de la muerte”, afirma. La celebración de Noche de Muertos también alimenta su trabajo, aunque no siempre ha sido sencillo. Hace tres años, la muerte de un familiar cercano, ocurrida cerca de esas fechas, la bloqueó por completo. “El dolor fue tan grande que no me dejaba trabajar”, recuerda. Con el tiempo, el proceso creativo volvió a fluir.
Ser autodidacta y mujer no ha sido fácil dentro del gremio artístico. Giovanna habla con claridad de la discriminación. “No te invitan a las colectivas. Es muy difícil, porque no eres profesional”, dice. A eso se suma el factor de género. “Somos pocas mujeres. Los hombres hacen sus grupitos y no te invitan”. En su experiencia, participa sobre todo cuando ella misma organiza.
Aun así, defiende su forma de crear. No busca agradar ni producir lo que se vende mejor. “Yo lo hago porque me gusta. Si fuera por dar gusto, no haría diablitos, haría ositos o gatitos”, dice. Ha recibido reclamos por pintar diablos o por trabajar el tema de la muerte, sobre todo cuando exhibe cerca de templos, pero no cambia su línea.
Más que reconocimiento, Giovanna pide condiciones. Más espacios, menos filtros y mayor apoyo institucional, especialmente para mujeres. “Mucho de lo que ves aquí está financiado por mi trabajo en bienes raíces”, explica. El material es costoso y el tiempo limitado. Para las mujeres con hijos, añade, la carga es mayor. “Eso te resta tiempo. No es lo mismo”.
Giovanna Cornejo dibuja porque lo necesita. Porque ahí encuentra calma, confronta miedos y transforma lo cotidiano en imagen. Su obra no busca legitimación ni mercado masivo. Existe porque insiste, porque se aferra a lo que le gusta, incluso cuando incomoda. Y en ese gesto cotidiano, silencioso y persistente, hay una forma clara y honesta de hacer arte.