Durante décadas, Irán ha apoyado a organizaciones armadas para atacar a sus enemigos (Israel y Estados Unidos) sin enfrentarse directamente a ellos.

Leo Zuckermann colaborador de La Voz de Michoacán

El fantasma de posibles atentados terroristas en Occidente ha resurgido por la guerra en Irán. Este país tiene una larga experiencia en el uso de operaciones clandestinas, así como la utilización de grupos aliados (conocidos como proxies) para atacar a sus adversarios. Durante décadas, Irán ha apoyado a organizaciones armadas para atacar a sus enemigos (Israel y Estados Unidos) sin enfrentarse directamente a ellos.

Grupos como Hezbolá, Hamas, los Hutíes y la Yihad Islámica cuentan con el soporte iraní para llevar a cabo atentados, asesinatos selectivos y sabotajes en Medio Oriente, Europa, África y América Latina. Ahí están, por ejemplo, cómo los proxies de Irán volaron la sede de la comunidad judía en Buenos Aires (AMIA) o los cuarteles de los infantes marinos estadounidenses en Beirut.

Irán tiene, pues, la capacidad de realizar atentados fuera de su país gracias a la red internacional que han formado sus proxies. Esto lo saben los países de Occidente, incluyendo Estados Unidos, que han elevado su nivel de alerta ante posibles atentados terroristas desde que comenzó la guerra el primero de marzo.

Los objetivos más lógicos son embajadas, comunidades judías o instalaciones de alto perfil de países aliados de Israel o Estados Unidos.

Además, a diferencia de la guerra, los atentados terroristas son mucho más baratos.

Los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington mataron a 2,974 personas y cambiaron al mundo. El costo para los terroristas que los llevaron a cabo: entre 400 y 500 mil dólares.

Los bombazos en Londres ocurridos el 7 de julio del 2005 privaron de la vida a 52 individuos. Su costo fue aún más barato: 15 mil 600 dólares.

Las células terroristas en el mundo entero han descubierto que pueden infligir mucho daño sin tener que gastar mucho dinero. Para financiar sus empresas de terror ni siquiera necesitan que Teherán les envíe recursos. Pueden recurrir a actos criminales.

Un reporte del Congreso de los Estados Unidos de 2007 (“Terrorist Precursor Crimes: Issues and Options for Congress”) argumenta que, desde el final de la Guerra Fría, los terroristas han recibido cada vez menos financiamiento de países que apoyan sus causas. Además, gracias al desarrollo tecnológico, en la última década el terrorismo se ha descentralizado en células más pequeñas, menos jerárquicas, más autónomas y amateurs.

Estos dos factores han llevado a los terroristas a delinquir para financiar sus actos de terror. De acuerdo a Siobhan O’Neil, autor del reporte, las actividades delictivas van desde la venta de droga hasta el atraco de fórmulas para infantes, pasando por la falsificación de dinero, el contrabando de Viagra, el atraco a joyerías, las estafas en teléfonos celulares y los fraudes a tarjetas de crédito y seguros.

El reporte es un catálogo de historias que podrían inspirar guiones cinematográficos.

Ahí está, por ejemplo, cómo Timothy McVeigh y Terry Nichols robaron los explosivos de un depósito en Kansas y una armería en Arkansas; con este botín luego atacaron el edificio federal de Oklahoma City matando a 165 personas en 1995.

El reporte menciona cómo ciertos grupos han construido emporios criminales para financiarse: Hezbolá, el Ejército Irlandés Republicano (IRA), los Tigres Tamiles y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Sobre este último, el estudio cita el trabajo académico de James Fearon quien ha investigado la longevidad de las guerras civiles. En el caso de la colombiana, que duró mucho tiempo, el investigador argumenta que las FARC se financiaron contrabandeando bienes ilegales. Según Fearon, esta realidad borró la línea entre el “terrorismo, banda criminal y organización guerrillera” de las FARC.

En 2000, las FARC decretaron lo que venía siendo una de sus prácticas: el “impuesto revolucionario”. Todo aquel que tenía una fortuna mayor a un millón de dólares debía pagarlo o, de lo contrario, se invadían sus tierras o secuestraban a algún miembro de la familia. Extorsión pura. Organizaciones independientes aseguran que en 2008 las FARC mantenían cautivas a unas 800 personas. Pero el negocio criminal más lucrativo del supuesto grupo revolucionario fue, sin duda, la producción y comercialización de cocaína.

¿Qué podemos concluir con toda esta información?

Primero, que resulta muy barato financiar una empresa terrorista de gran envergadura.

Segundo, que los terroristas recurren cada vez más a actos criminales para financiarse.

Tercero, que, entre los terroristas, como entre los gatos, hay clases, y las FARC fueron uno de esos grupos que destacaron por el tamaño de su organización, el territorio que llegaron a controlar y la dimensión de la empresa criminal que comandaron.

Twitter: @leozuckermann