Jorge A. Amaral no es experto en ska; sólo soy un tipo que escucha mucha música, lee sobre ella y sigue escuchando

Jorge A. Amaral

El 8 de agosto de 1992, en Finsbury Park, Londres, se estaba presentando la banda de ska Madness. En un momento determinado, los habitantes de la zona circundante notaron que sus edificios de departamentos se movían y que los cristales de las ventanas vibraban, así que llamaron a la Policía. Los científicos también notaron algo inusual: los sismómetros marcaban un movimiento en la tierra con una intensidad de 4.5. La causa de esto no tenía precedentes: miles de personas saltando y bailando en perfecta sincronía al ritmo del clásico “One step beyond”, inconfundible e inolvidable por el furioso saxofón de Lee Thompson y la arenga de Graham McPherson (alias Suggs) de ir un paso más allá. El caso quedó registrado en la historia como un recordatorio del poder de la música.

Le cuento esta anécdota porque en la semana, mientras escuchaba un concierto de la banda mexicana Out of Control Army, me convencí de que el Two Tone puede considerarse la cúspide del ska. Lo advierto: no soy experto en ska, enfatizo: Jorge A. Amaral no es experto en ska; sólo soy un tipo que escucha mucha música, lee sobre ella y sigue escuchando.

Gracias a la migración de jamaiquinos a Inglaterra el ska llegó a Europa, aún muy apegado a sus raíces, como el calipso y el mento. A mediados del siglo XX, cuando los migrantes jamaiquinos llegaron a Reino Unido, lo hicieron a barrios obreros, donde los migrantes y sus hijos se mezclaron poco a poco con los obreros ingréseles y los hijos de estos. No fue un encuentro terso, hubo violencia racial en ello, pero al final poco a poco se logró la fusión, por ejemplo, entre los “mods” británicos, descendientes de los teddy bears. y los “rude boys” jamaiquinos, que luego dio paso a movimientos como el skinhead. De esta forma el ska se fusionó con el jazz, el rock y el R&B, ampliando su espectro sonoro que luego derivó en el reggae y el rocksteady, a la par del dancehall y otros sonidos. Por cierto, si usted quiere un buen sonido reggae muy skinhead meramente mexicano, le recomiendo a Travelers All Stars. Seguro hay más, pero son de los que me acuerdo ahorita.

Bueno, el caso es que ya para la década de los 70 el ska también se había fusionado con el punk racial y musicalmente, lo que le daba un ritmo más rápido y mensajes a veces más políticos y críticos a las letras de estas bandas, muchas de ellas conformadas por jamaiquinos y británicos, lo que derivó en el término “two tone”, en alusión a esta mezcla étnica, en la que además privaba la estética “mod” fusionada con “rude boy”: actitud desafiante, muchas veces violenta (estamos hablando de barrios bravos, donde las pandillas y la violencia no eran raras), que contrastaba con un atuendo impecable: relucientes zapatos, traje, corbata, sombrero porkpie (también se usaron el trilby y el fedora), lentes de sol. Pero también la estética skinhead: canello rapado o muy corto, camisa a cuadros bien fajada y ajustada, tirantes, pantalón de trabajo y botas de obrero (de ahí las míticas Dr. Martens).

En ese contexto, a mediados de los 70, en la ciudad de Coventry, en West Midlands, Jerry Dammers y un grupo de amigos empezaron a combinar la cruda y salvaje energía del punk y los ritmos del ska jamaiquino. Este proceso, además de musical, fue de integración racial entre las comunidades negra y blanca. 

En esa ciudad, asediada por las fuerzas nazis en la Segunda Guerra Mundial, en la década de los 50 se hicieron presentes migrantes llegados del Caribe, lo que, como decía más arriba, influyó en los jóvenes, tanto en la música que escuchaban como en su forma de vestir. En ese contexto, Jerry Dammers conformó una banda llamada The Coventry Automatics, integrada por músicos interesados en fusionar el ska, el reggae y rocksteady con punk y new wave. Al final la banda cambió de nombre y hoy es un icono: The Specials. 

A principios de 1978 conocieron al DJ local Pete Waterman, quien pagó la grabación de un demo, sesión que luego se publicó con el título “Dawning of a new era”. Dammers quiso hacer llegar este demo a Johnny Rotten, exmiembro de Sex Pistols, pero acabó en manos de Bernie Rhodes, mánager de The Clash, quien les propuso integrarlos a la gira que realizaban junto a la banda estadounidense Suicide. 

Durante esa gira, Alan Vega, de Suicide, fue atacado por un grupo de skinheads ultraderechistas. Esa, dijo Dammers a The Guardian en una entrevista, fue la noche en que nació el concepto de The Specials. Y es que, dice el músico, se avecinaba un resurgimiento del mod y el skinhead, pero tendiente hacia grupos supremacistas y radicales como el Frente Nacional y el Movimiento Británico. 

Cuando esa gira con The Clash terminó, The Specials acogieron a Bernie Rhodes como nuevo manaje, quien de inmediato los mandó a un accidentado viaje a París, de donde salió el clásico de la banda “Gangsters”, pues sería el primer sencillo de la banda y lo que luego sería 2-Tone Records, el sello creado por Dammers y que llegó a ser la insignia de lo que se considera la segunda oleada del ska. Era 1979.

Dammers presentó el demo a distintos sellos pero no le hacían caso, así que se le ocurrió crear su propia casa disquera, y así surgió 2-Tone Records y el sencillo “Gangters”, de The Specials, con “Kingston affair”, de The Selecter en la cara B, acabó entrando al top 10 de sencillos del Reino Unido, donde estuvo durante tres semanas para alcanzar el sexto puesto. Y aunque The Specials llamaron la atención de varias compañías grandes, tanto Dammers como el grupo preferían seguir bajo la marca de 2-Tone, que a la fecha, aunque ya no existe, sigue siendo un referente cultural.

Ahora, en el contexto actual, polarizado por las izquierdas y las derechas con sus respectivos radicalismos, el Two Tone Ska mantiene el ideal originario: la respuesta directa de una juventud multicultural ante la austeridad y la discriminación, y es que, a diferencia de otros géneros, como el rock, que buscaban el escapismo, el Two Tone utilizó su ritmo sincopado para denunciar realidades crudas: desempleo juvenil, la brutalidad policiaca y la falta de oportunidades. Un ejemoplo de esto es "Ghost Town", de The Specials, que se posicionó en las listas de popularidad en 1981, justo cuando estallaban los disturbios raciales y sociales en la Inglaterra de Margaret Thatcher. Ese espíritu de lucha se mantiene vigente en el Two Tone: “También de dolor se baila” es un grito de Sekta Core por las desapariciones forzadas y los abusos del gobierno. Pero el género mantiene viva la llama del antirracismo y la justicia social, como una demostración de que la música puede ser una herramienta de comunicación política capaz de unificar y poner a bailar, porque el ska se grita, se canta y transmite un mensaje, pero también se baila en esa cosa deliciosa y terapéutica llamada skanking.

Por cierto…

Fíjese que ya ni me acordaba, pero me quedó una duda. ¿Recuerda usted que a René Valencia quisieron lastimarlo o matarlo, no sé, allá por Erongarícuaro? Como seguramente usted recuerda, entre 10 y 15 vehículos lo asediaron, pero el líder de Revolución Social es tan buen conductor que logró eludir a los atacantes. Sus guardaespaldas, que se supone son los de las armas y el entrenamiento, fueron sometidos por los delincuentes, quienes los llevaron al monte, les dieron sus cachetadas, les quitaron sus armas y todo eso. Recuerde lo que dijo Guillermo Valencia: él llamó a sus contactos, al fiscal, por ejemplo, para alertar sobre la situación. Según el líder priista, algiuen les llamó a los criminales para que ya dejaran en paz a los guaruras de su hermano, y por eso los soltaron.

No pongo en duda la palabra de René Valencia porque no tendría elementos para desacreditar lo que dice sobre el ataque, tampoco dudo de la veracidad en el relato de su hermano, pero una cosa me salta: si don Memo llamó al fiscal y luego alguien les llamó a los mañosos para que soltaran a los guaruras, quiere decir que alguien en la Fiscalía tiene contacto con los delincuentes. La pregunta es quién en la FGE tiene vínculos con criminales (tener su número y comunicarse con ellos es un vínculo) y por qué sigue impune dentro de la dependencia.

No lo sé, no quiero saberlo. Lo que sí quiero es que se haga justicia para Víctor Manuel Mújica, su esposa, Anayeli Hernández, y la hija de ambos, Megan, de 12 años, asesinados con suma crueldad. Es cuánto.