Bernardo ha dedicado más de seis décadas al arte, pero hoy centra su trabajo en rescatar la heráldica, algo que califica como «una ciencia antigua», que revela el origen, el significado y la memoria de los apellidos.
Por Asaid Castro/ACG.
Morelia, Mich. | Redacción ACG .- Es domingo por la mañana en el Jardín de las Rosas. Entre puestos, visitantes y el murmullo constante del centro histórico, Bernardo Villarreal de la Vega acomoda con paciencia sus obras. En un tendedero conviven dibujos a lápiz, acuarelas, serigrafías y algo que ya no es común ver en las calles: escudos heráldicos, muchos pintados a mano, otros esculpidos y varios más impresos, acompañados de pergaminos que explican su origen.
Bernardo lleva más de 65 años dedicado a la pintura. A lo largo de su vida también ha transitado por la actuación, la dramaturgia y la caligrafía, asegura que le gusta experimentar y moverse entre disciplinas, pero hoy su interés está puesto en una en particular: la heráldica, un arte que, se ha ido perdiendo con el tiempo.
«Es muy interesante tener un apellido, pero más interesante es saber su origen», dice mientras señala uno de los escudos expuestos.
Un lenguaje nacido en la guerra
La heráldica, explica Bernardo, tiene su origen en la Europa medieval. Durante siglos fue un distintivo fundamental para identificar familias, linajes y territorios, especialmente en tiempos de guerra, cuando los escudos permitían reconocer de inmediato a quién pertenecía cada combatiente.
Con el paso del tiempo, ese conocimiento se fue diluyendo y hoy, muchas personas desconocen por completo la procedencia de su apellido, y dice, se conforman con imágenes genéricas encontradas en internet, sin saber si realmente les pertenecen.
«Hay quienes creen que uno inventa los escudos, y no es así. Cada escudo ya tiene un diseño prestablecido, otorgado cuando una familia se distinguió por algo», explica. Los colores, las figuras y las armas tienen un significado preciso: el oro representa la nobleza, el gules (rojo) la sangre y el valor, y cada elemento habla del lugar, la historia o las creencias de un linaje.
Entre documentos, tinta y memoria.
A diferencia de lo que circula en la red, asegura que su trabajo se basa en investigación documental. Utiliza bibliografía especializada, libros de genealogía y registros históricos avalados por instituciones y órdenes militares. Cada escudo que realiza está acompañado de una explicación sobre su origen y significado.
Afirma que todas sus piezas están pintadas a mano. Usa acrílico, pasta y colores heráldicos auténticos, respetando sus nombres originales, aunque se ven algunas impresiones, es de acercarse para ver el detalle en los colores de los escudos, para ver que fusiona dos técnicas para mostrar su exposición.
También cuida la tipografía, utilizando letras góticas similares a las que se usaban en documentos antiguos, una habilidad que domina gracias a su formación como calígrafo, dice que «Es una parte de la historia de la humanidad que ya no entendemos del todo».
El origen de su interés por la heráldica está en su familia. Su padre, aficionado al dibujo, realizó una réplica a lápiz del antiguo escudo de Morelia, el de los tres reyes que se ven cuando uno camina por la ciudad. Aquel papel, hoy amarillento por el tiempo, despertó su curiosidad y lo llevó a investigar durante años.
Valorar el trabajo del artista.
Entre las obras destaca una frase escrita con firmeza, “Compra arte de un artista vivo. Los muertos no necesitan dinero”, frase que Bernardo explica, surgió como respuesta al regateo constante y a la poca valoración del trabajo artístico.
«No estoy vendiendo cualquier cosa, o cacahuates. el arte lleva tiempo, estudio y dedicación y es lo mismo con los compañeros que estamos aquí», dice, recordando que muchas veces una pieza requiere horas o días de trabajo minucioso.
Aun así, cada domingo vuelve al Jardín de las Rosas. Ahí, de 9:00 de la mañana a 3:00 de la tarde, Bernardo continúa mostrando su obra y compartiendo historias que no solo hablan de arte, sino de identidad y memoria. Para él, rescatar la heráldica es también una forma de evitar que los apellidos, y lo que representan, se pierdan en el olvido.