Con una vida de grandes logros y profundas tragedias, Luis Aguilar es la imagen de un tiempo y de varias décadas, la voz de muchas canciones que se siguen escuchando en las películas transmitidas por la televisión.

Jaime Vázquez

Estamos en los años cuarenta, durante una fiesta. En la alegría de la reunión, un joven sonorense avecindado en Mazatlán, de vacaciones en la Ciudad de México, dedicado a la pesca de tiburones, se anima y comienza a cantar. En la fiesta estaba Robert O´Quigley, productor canadiense de cine que, años atrás, siendo reportero, conoció y entabló amistad con Emilio Fernández, quien lo invitó a participar como adaptador de la cinta que Carlos Navarro filmaba en Michoacán, en 1935.

O´Quigley y Luis Márquez escribieron Janitzio, en la que Fernández personificó a Zirahuén. Se trataba de un drama costumbrista, una historia de amor trágico bajo el cielo de la laguna de Pátzcuaro.

Regresamos a la fiesta. O’ Quigley observó en el joven cantante una chispa especial, presencia y soltura, el potencial suficiente para dar el paso al cine. Raúl de Anda, director y actor con quien trabajaba O´Quigley lo invitó a ser parte de Soy puro mexicano (1942), de Emilio Fernández.  

Sin crédito apareció aquel joven sonorense que se puso a cantar “El sinaloense”: Luis Aguilar Manzo dio inicio a su carrera de actor en esta historia en la que los charros mexicanos ayudan a combatir y neutralizar una intriga internacional en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

Ya lo decía la canción compuesta por Pedro Galindo Galarza que da título a la película: “Soy puro mexicano y nunca me he dejado, si quieren informarse la historia les dirá que México es valiente y nunca se ha rajado. ¡Viva la democracia, también la libertad!”

El contrato que Raúl de Anda ofreció a Luis Aguilar fue por tres películas: Sota, caballo y rey (1944), Caminos de sangre (1945) y Guadalajara pues (1946).

Eran los tiempos de un género que crecía en el gusto del público: el melodrama ranchero, aderezado con la música del mariachi, los caballos a todo galope en el horizonte de nubes densas, las pistolas al cinto, el sombrero de charro y el clásico bigote del macho mexicano, jugador, pendenciero, bebedor, autoritario, cantarín y buen jinete, enamorado y a la vez noble, justiciero y patriota a toda ley.

Jorge Negrete, emblema de este tiempo y paradigma del género, cantó: “Yo soy puro mexicano y me he echado el compromiso con la tierra en que nací de ser macho entre los machos, y por eso muy ufano yo le canto a mi país”.

Luis Aguilar, admirador de Negrete, protagonizó en 1948 El gallo giro, de Alberto Gout, película que lo lleva al estrellato y le da el nombre con el que será identificado para siempre, un mote que nació de la voz de Pedro de Lille, locutor de la XEW.

Con más de 160 películas en su historia, Luis Aguilar compartió créditos con Jorge Negrete (Tal para cual, 1953), Pedro Infante (ATM y Qué te ha dado esa mujer, 1951), Pedro Armendáriz (Ando volando bajo, 1959) o Javier Solís (Escuela para solteras, 1965; Los tres salvajes o Los Cuatro Juanes, 1966).

Se enamoró y conquistó a las más bellas de la pantalla: Rosita Quintana (Tú, sólo tú, 1950), Carmelita González (Yo también soy de Jalisco, 1950), Elsa Aguirre (Cuatro noches contigo, 1952), Rosita Arenas (La hija del ministro, 1952), Lola Flores (Ay, pena, penita, pena, ¡953), Rosita Fornés (No me olvides nunca, 1956), Marga López (Atrás de las nubes, 1961) o Lucha Villa (El halcón solitario, 1964).

En alguna ocasión, Aguilar comentó: “Es más fácil decir con quién no trabajé que con quién sí lo hice. No trabajé con Cantinflas, con Arturo de Córdova o con Libertad Lamarque, y me hubiera gustado mucho hacerlo”.   

Nacido un día como hoy en un ambiente familiar próspero, “de buenos pañales”, el 29 de enero de 1918 en Hermosillo, Sonora, Luis Aguilar actuó en papeles de charro “porque me los dieron, pero yo soy más pescador que charro”.

Con una vida de grandes logros y profundas tragedias, Luis Aguilar es la imagen de un tiempo y de varias décadas, la voz de muchas canciones que se siguen escuchando en las películas transmitidas por la televisión.

A los 79 años de edad, en la Ciudad de México, falleció Luis Aguilar Manzo, el “muchacho alegre, el “gallo giro”, quien por cantar una canción en una fiesta se convirtió en una figura central del cine mexicano. Un charro en la pantalla al que le gustaba el mar, la pesca, la fiesta y los amigos.

Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz.

@vazquezgjaime