Félix Madrigal/ACG – Morelia, Michoacán
A un lado del Callejón del Romance, donde la caminata se vuelve más lenta y la charla más larga, está PIC’s Burgers, un puesto que lleva más de tres décadas alimentando estudiantes, historias y recuerdos. Ahí despacha Gerardo Luna Vázquez, quien a sus 62 años no solo prepara hamburguesas, también sirve anécdotas con una memoria que parece no agotarse. El negocio existe desde 1988 y, según él mismo dice, ya va en la tercera generación de clientes: hoy llegan los nietos de aquellos jóvenes que alguna vez se sentaron a comer después de clases.
Gerardo es médico de profesión, pero comerciante desde siempre. Se presenta con humor como “médico, cirujano y tortero”, y no es broma: mientras estudió Medicina trabajó en puestos similares para poder sostener la carrera. De ahí nació una idea que mantiene hasta hoy: vender barato, pensando en quienes no les alcanza. Por eso, en PIC’s Burgers los precios siguen siendo de estudiante y no de moda, y quizá por eso el 90% de sus clientes siguen siendo jóvenes de Derecho, Medicina, la Normal y otras escuelas cercanas.
Pero no todo es hambre. En este puesto también se respira nostalgia. Hay quienes regresan después de 20 o 30 años solo para recordar sus tiempos de “estudiambre”. Abogados, ingenieros, jueces, funcionarios y profesionistas que un día fueron alumnos con prisa y poco dinero, hoy vuelven con historias bajo el brazo. Algunos llegan solos, otros con su pareja, con hijos y hasta con la familia completa. Gerardo los reconoce, les bromea y les recuerda cuándo venían de novios o cuando apenas alcanzaba para una hamburguesa.
En tiempos difíciles, PIC’s Burgers también fue refugio. Hubo épocas en que Gerardo fiaba, confiando en la palabra del cliente. Y la palabra, muchas veces, volvió: como aquella mujer que regresó después de más de dos décadas sólo para pagar dos hamburguesas y dos limonadas que había quedado a deber. Aquí, recordar es vivir, y pagar también es cerrar ciclos.
El ambiente es sencillo, de barrio, de trato directo. Gerardo rompe el hielo con carrilla ligera y dice que aquí la gente viene a sentirse en familia. Abre desde temprano y, cuando hay clases, el movimiento no para. En temporadas de exámenes o vacaciones baja el ritmo, pero el puesto no se mueve: sigue en el mismo lugar, firme, como testigo silencioso de generaciones enteras.
PIC’s Burgers no presume lujos ni modernidad. Presume algo más difícil de encontrar: constancia, memoria y cercanía. En un rincón de Morelia donde muchos pasan de largo, este puesto sigue demostrando que una hamburguesa también puede ser una historia compartida.