Acusaciones de maltrato laboral, desgaste institucional y vacíos en la supervisión diplomática marcan el cierre de una misión que sufre desgaste desde adentro
La embajadora de México en el Reino Unido, Josefa González-Blanco Ortiz-Mena, terminó su función en la misión diplomática en Londres tras varios años de gestión rodeada de controversias y acusaciones de maltrato laboral por parte de trabajadores de la embajada.
Durante su permanencia al frente de la representación mexicana, al menos 16 trabajadores presentaron denuncias formales por hostigamiento y acoso laboral, señalando patrones de trato degradante, gritos e incluso consecuencias médicas para algunos empleados debido al ambiente de tensión extrema.
Numerosas fuentes internas describen un clima de trabajo donde las relaciones interpersonales estaban fracturadas, con acusaciones de aislamiento sistemático de personal y ciclos de rotación de cargos en niveles clave.
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Según testimonios, la embajada vio salir a más de 40 funcionarios y empleados durante su gestión, sea por renuncias espontáneas o transferencias, lo que redujo significativamente la capacidad operativa de la delegación mexicana.
Además, algunos extrabajadores sostienen que el uso de recursos de la misión estuvo enfocado en actividades de imagen personal y eventos sociales frecuentes, más allá de actividades diplomáticas sustantivas, extendiendo jornadas laborales hasta altas horas de la noche y comprometiendo así el bienestar del equipo.
Entre las quejas se mencionan comentarios despectivos hacia empleados, así como prácticas de exclusión dentro del organigrama interno, factores que, según personal entrevistado, deterioraron no solo al equipo, sino también la ejecución de proyectos de cooperación bilateral con entidades académicas y gubernamentales del Reino Unido.
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) recibió múltiples quejas y denuncias, aunque organismos internos como el Comité de Ética y el Órgano Interno de Control habrían emitido recomendaciones que no se tradujeron en cambios sustanciales antes de su salida.
González-Blanco, por su parte, defendió su gestión afirmando que las discrepancias responden a procesos de auditoría internos y que su administración siempre estuvo orientada a fortalecer las relaciones entre México y el Reino Unido.
Con su partida, se abre un periodo de transición en la misión diplomática y un momento de reflexión para el servicio exterior mexicano sobre cómo abordar y prevenir conflictos laborales dentro de sus representaciones en el extranjero.
Fuente: El País