Coincidencia o no lo cierto es que la captura de Alejandro Sepúlvedad Arellano, alias “El Botox” se establece en un momento en que, por un lado, el Gobierno de Estados Unidos, a cargo de Donald Trump, presiona con mayor precisión a su par de México para dar mejores resultados en la lucha contra el crimen organizado y, por el otro, empieza a solidificarse el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, sobre todo en el rubro de seguridad.
En el primero caso, se ha reforzado la colaboración estadounidense mexicana; tan solo hay que recordar en lo que va de este mes se dio el traslado masivo de 37 reos de alto impacto, acusados de crimen organizado, lavado de dinero y tráfico de armas; tras llamada telefónica entre los mandatarios Claudia Sheibaun y Donald Trump se realizan inmediatas “acciones tangibles” contra los carteles; y robusteció la Operación frontera norte.
En la segunda circunstancia, el Plan Michoacán, implementado en noviembre pasado, a raíz de la muerte violenta del Carlos Manzo, alcalde Uruapan, sostiene mejores resultados que sin él, en el cual, aparte de un gran número de delincuentes detenidos y aseguramiento de drogas, armas y vehículos, destaca uno de los golpes más fuertes contra el CJNG en la entidad, la captura del colombiano Jefferson David “N”, alias el “R1”.
Y, el mayor golpe de ese plan es la detención de César Alejandro Sepúlveda Arellano, alias “El Botox”, líder de Los Caballos de Troya, generador de violencia de Tierra Caliente, principal responsable de las extorsiones de los limoneros, vinculado a los asesinatos del ex líder de las autodefensas Hipólito Mora y del dirigente de los limoneros Bernardo Bravo Manríquez y por quien se demandaba millonaria recompensa de EU por su captura.
Claro, previo al caso de “El Botox”, hay evidentes avances para el total esclarecimiento del homicidio de Carlos Manzo y aunque se señalan ya al autor material del mismo y a uno de los intelectuales, faltan precisiones para determinar responsabilidades de figuras públicas y de funcionarios municipales, al igual que la identificación, captura y castigo de los líderes del grupo criminal que ordenaron su muerte y la desarticulación de la propia organización.