Cierto, las autoridades de Salud en el territorio michoacano hacen lo más posible para prevenir y contener los casos de sarampión; sin embargo, como se ve, no lo lograron del todo; de manera lamentable, ya hay una víctima fatal –la primera del año en el país- y decenas contagiadas.
Qué pasó ahí, porque oficialmente se establece que hay suficientes vacunas y sedes para aplicarlas, luego, entonces, ¿qué falló?, porque no se puede simplemente justificar que ambos tipos de víctimas no se inmunizaron o que son trabajadores agrícolas con constante movilidad.
Uno pudiera imaginarse que falló la estrategia y aterrizar que así fue, lo cual dio paso de una esperada alerta sanitaria y una más que agresiva vigilancia epidemiológica intensiva. Una cuestión que no debería pasar desapercibida por los integrantes del Congreso del Estado de Michoacán.
Seguramente el cambio de estrategia como lo es masificar y agilizar aún más las campañas de vacunación e imponiendo cercos sanitarios en las regiones, en los municipios, en donde el sarampión mantiene presencia y que debieron ser permanentes y no meramente reactivos.
Si, blindar los lugares con mayor índice de casos de sarampión como lo son, como lo dijeron las autoridades, aquellos con gran movilidad, entre los que se encuentran en la sierra costa con Coalcomán, en Tierra Caliente con Apatzingán y en el Bajío con Yurécuaro.
Si, la percepción social sobre la grave situación del sarampión fuera como la de la inseguridad, estaríamos hablando con menos candidez.