Hubo un fuerte proceso descolonizador al menos a partir de la segunda mitad del siglo XX, lo que hizo más complicada y difícil la aceptación de las premisas y acciones militares de los imperios
Gustavo Ogarrio
Para la perspectiva de los imperios modernos, las sociedades “periféricas” y colonizadas que son objeto de ataques militares y de representaciones políticas y narrativas, son esencialmente primitivas, infantilizadas, corruptas, sin herramientas propias para seguir de manera “adecuada” los modelos de occidentalización impuestos. Sin embargo, el imperialismo del siglo XIX, el mismo cuya experiencia directa como marinero es el punto de partida de las novelas de Joseph Conrad, ya no es el mismo que el del siglo XXI. Hubo un fuerte proceso descolonizador al menos a partir de la segunda mitad del siglo XX, lo que hizo más complicada y difícil la aceptación de las premisas y acciones militares de los imperios. Las “visiones acusadoras” contra las intervenciones militares de cuño imperial encuentran también en Conrad, afirma Edward Said, a un precursor que ha hecho posible narrar en clave de ficción ese “horror” indecible que se encuentra al final de la paradoja imperialista: los ataques, incursiones, despojos, asesinatos e invasiones imperiales “triunfan” en un primer momento, pero al “triunfar” construyen también lo que será el futuro de su propia ruina; Vietnam y Afganistán son ejemplos para Estados Unidos tan contundentes como irreversibles en su poder de destrucción y fracaso.
Lo que Conrad nos reveló, de manera más sugestiva que directa, fue el centro oculto de sus narraciones orales, de marineros y fugitivos, que sostienen a sus historias escritas: “comprender lo inconcebible”, “una disputa sutil, pero decisiva, sobre la verdadera esencia de la vida” (“Lord Jim”). Quizás la locura, la irracionalidad, la soberbia imperial que se quiere omnipotente, configuran ese núcleo escondido en la pulsión colonial de muerte -¿es el “horror” que grita en susurros Kurtz?- y que todo lo arrasa; el corazón mismo de la “inmensa oscuridad” que deja el imperio con sus ataques, acciones e incursiones militares.