Por ARACELI GUTIÉRREZ CORTÉS*
La filósofa, escritora y feminista española Amelia Valcárcel, habla sobre la falsedad de la perfección, como el símbolo de la mujer idealizada en una ficción.
Para que una mujer sea respetada, escuchada o considerada como “igual”, la sociedad le exige ser excepcional. Se le pide ser una profesional impecable, una madre intachable y moralmente superior. Debe tener una vida respetable, “decente”, ya que si ha tenido muchas parejas podría rayar en lo “indecente”. Su forma de vestir es fundamental para saber si califica o no.
Valcárcel sostiene que la verdadera igualdad no se alcanzará cuando las mujeres demuestren que son “mejores” o “perfectas”, sino cuando tengan el mismo derecho que los hombres a ser mediocres, a equivocarse y a tener defectos sin que eso signifique perder sus derechos o su credibilidad.
Suena muy fuerte, pero es real. Pareciera que las mujeres tienen que convencer al mundo de que lo van a hacer mejor y debido a ello, se pueden ganar el derecho a ocupar espacios (y no por el solo hecho de ser iguales a los hombres), cuando por siglos ha habido hombres que lo han hecho terriblemente mal. Pero no me mal entiendan, esto no es un llamado a la mediocridad, es una reflexión sobre la exigencia desigual que hay hacia las mujeres “en razón del género”.
Por eso, cuando ellas gobiernan, lo primero que dicen es: ¿pues no que las mujeres iban a gobernar mejor?, ¿para eso quería ser gobernadora? ¿O presidenta? Y entonces los errores, no sólo son errores por falta de capacidad o de compromiso, sino también por ser mujeres.
Ahí está el detalle fino en la farsa de la perfección, las diputadas, o gobernadoras que lo hacen mal, “no lo hacen mal por el hecho de ser mujeres”. Lo hacen mal, porque al igual que a otros hombres les falta compromiso, capacidad o profesionalismo, pero no tiene nada que ver con el género.
El objetivo final no es que las mujeres sean consideradas seres “especiales” o “superiores” moralmente, sino que logren la equivalencia humana total. Es decir, que, ante la ley, el Estado y la sociedad, valgan exactamente lo mismo que un hombre.
Valcárcel, critica duramente que cuando los hombres buscan poder y dinero se les llama “líderes”, pero cuando una mujer lo hace, se le tacha de “ambiciosa”; y para muestra un botón, recientemente conocimos el caso de una mujer que fue señalada de ambiciosa por aspirar a un cargo político, juzgada públicamente nada menos que por Don Fernández Noroña.
Sirva esta reflexión en el marco del Día Internacional de la Mujer.
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*Araceli Gutiérrez Cortés. Es abogada por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; cuenta con dos maestrías: En Gobierno y Asuntos Públicos; y, Derecho Procesal Constitucional. Actualmente cursa el Doctorado en Derecho Electoral. Integrante de Abogadas de Michoacán A.C. Ha sido asesora en el Senado de la República. Funcionaria, consejera y presidenta del Instituto Electoral de Michoacán (IEM).