Morelia, Mich. | Redacción ACG.- La historia de Alejandra Ramírez y Diana Karen Pérez no comenzó con dudas ni titubeos. “Desde el principio conectamos”, dicen, al recordar el momento en que se conocieron en Guadalajara, cuando Karen llegó desde Querétaro para hacer su residencia y Alejandra ya vivía en la ciudad. No hubo una etapa larga de amistad: “Empezamos a salir desde el principio, y ya de ahí solo como novias”.
Lo que siguió fue una relación que se construyó con rapidez, pero también con estabilidad. Poco tiempo después decidieron vivir juntas. Hoy suman casi cinco años de relación y cuatro compartiendo casa, una convivencia que describen como tranquila y empática. “Es tener a alguien que te apoye y esté ahí para ti”, explica Karen, “pero también alguien que te saque de tu zona de confort y te haga hacer planes que no harías tú sola, pero que terminas disfrutando”.
Entre esos planes están los viajes, los proyectos cotidianos y hasta las decisiones grandes. Hace dos años, Karen se mudó a Morelia por trabajo y Alejandra no dudó en acompañarla. “Yo me vine aquí para trabajar y ella me acompañó”, recuerdan. Fue en esta nueva etapa, ya asentadas en la ciudad, donde tomaron otra decisión: casarse.
El matrimonio se concretó en el marco de la jornada de Bodas de la Diversidad Sexual y Reconocimientos al Cambio de Identidad de Género, realizada en el Centro Cultural Clavijero, un evento que, para ellas, significó algo más que un trámite. “Básicamente es solo una formalidad ya”, dicen, porque sus familias conocían su historia y las habían apoyado desde el inicio, tanto en la relación como en la decisión de formalizarla.
Cuando hablan una de la otra, las palabras se vuelven más cortas, pero también más sinceras. Alejandra entre risas comenta: “Es muy bonita y la quiero mucho, ya no voy a decir más públicamente”. Karen, en cambio, lo resume así: “Me gusta toda su forma de ser. Obviamente también físicamente, pero sobre todo que me da mucho apoyo y mucha paz estar con ella”.
Definen su relación como “relajada, empática, con respeto, bonita”. No idealizan el camino, pero sí reconocen que han podido vivirlo sin miedo. Aseguran que no han sufrido discriminación directa y que, al menos en sus contextos, el matrimonio igualitario ha ayudado a normalizar relaciones como la suya. “Desde que se volvió legal, como que la gente empezó a normalizarlo más”, comentan, aunque también reconocen que no todas las realidades son iguales.
Desde esa conciencia, su consejo para otras personas jóvenes o parejas que tienen miedo de salir del clóset es claro: no apresurarse. “No tienes que salir del clóset, ni tener una relación, ni casarte si no estás listo. Todo se va sintiendo natural, a su momento”. También advierten que hay contextos donde hacerlo puede ser peligroso. “No todos tienen apoyo. A veces toca esperarse y aguantar un poquito, pero siempre seguir siendo fiel a ti mismo por dentro”.
Su historia tampoco siguió un solo guion romántico. Fue Alejandra quien, en Guadalajara, le pidió a Karen que fuera su novia. Tiempo después, Karen fue quien dio el anillo. Dos gestos distintos que terminaron en el mismo punto: una boda celebrada públicamente, en un espacio que reconoció su derecho a amar y a nombrarse.
Entre Guadalajara, Querétaro y Morelia, Alejandra Ramírez y Diana Karen Pérez convirtieron una conexión inmediata en un proyecto de vida compartido, uno que hoy tiene nombre, respaldo legal y, sobre todo, una historia construida con calma, compañía y afecto cotidiano.